31.12.10

“LAGUNA BRECHTIANA” EL BLOG DEL POETA VLADIMIR HERRERA


Con un epígrafe de Ernesto Mejía Sánchez: “Estamos solos contra ellos / pero ellos están más solos / que nosotros. A ellos no los / une ni el odio, a nosotros / hasta su odio nos reúne” como subtítulo, el poeta Vladimir Herrera inicia su nueva etapa de bloguero; y antes que termine el 2010, nos invita a visitar y ser parte de sus lectores continuos.

En los hasta ahora 14 post de Laguna brechtiana podemos encontrar información necesaria y novedosa de los años 70, así como pequeños recuadros en prosa de sus diferentes facetas (editor, prosista, viajero, aficionado, cronista, pintor, bitacorista, etc.) de su vida cotidiana y su pensamiento acerca de la poesía.

Aquí el enlace de la Laguna brechtiana de Herrera. Sólo haga click en el enlace y ya.

WITOLD GOMBROWICZ, LUCIEN GOLDMANN Y JORGE LAVELLI


Por Juan Carlos Gómez

Mientras la aproximación a “Ferdydurke” fue para nosotros, los de la barra del Rex, una empresa más o menos normal, “El casamiento”, aun después de los procesos de simplificación al que lo sometía Gombrowicz para facilitar su comprensión, se constituyó en una especie de elemento rítmico que colaboraba con nuestra relación. El “tempo poco claro” alcanzó alturas inconmensurables y servía para cualquier cosa, tanto para delimitar algún principio filosófico como para dar cuenta de alguna ambigüedad erótica. Y los versos: ¡Qué agradable en el five o’clock del rey / Llevar un flirt liviano en forma discrecional! / Embriaga y fascina de las mujeres el dorso / ¡Y de los hombres el torso!, fueron usados como una coda brillante que nos servía para pasar de un tema a otro sin solución de continuidad.

“El casamiento” produjo una gran confusión a la que no poco contribuyó el mismo Gombrowicz. De ahí sacó una enseñanza que vale para la interpretación de toda su obra: la primera aproximación a un texto no debe ser demasiado profunda, sólo poco a poco se busca lo profundo, si es necesario.

Hay que tener como principio que si se puede acceder a una obra mediante una interpretación simple, se debe prescindir de la difícil. “Metafísica, de acuerdo, pero hay que empezar con la física”.

Gombrowicz mantuvo una conversación con Diego Masson, el compositor de la música para “El casamiento”, un diálogo extraño que contiene algunas apreciaciones estéticas que no están hechas tan en broma como parece.

—He oído que el decorado estaba hecho con restos de coches viejos; —Sí, era excelente; —¡Oh, qué feliz me siento de no haberlo visto, esos restos de coches!, me hubiera gustado mucho más un lindo decorado gótico con muchos colores. Usted compuso además la música para la batería, ¿no es cierto?; —Sí, es verdad, la música fue escrita para dos bateristas, detrás de las cortinas había un gran número de instrumentos de percusión; —¡Oh, qué feliz estoy de no haberlo escuchado!, sabe usted, a mí me hubiera venido mucho mejor algo como Beethoven o Chopin.

Un episodio ilustrativo sobre si los espectadores habían entendido lo que Gombrowicz había querido decir en “El casamiento” fue la participación de Lucien Goldmann, un eximio profesor universitario presente en el estreno que tuvo lugar en París.

En la discusión que tuvo lugar al finalizar la representación y en un artículo publicado en France Observateur titulado “La crítica no ha entendido nada”, Goldmann se despachó sobre el que, a su juicio, era el secreto de la obra.

“El casamiento” era para Goldmann una narración traspuesta de los cataclismos históricos de nuestro tiempo, la crónica de una historia tomada por la locura, una parodia grotesca de acontecimientos reales.

Hasta aquí el profesor va más o menos bien, pero de repente empieza a desvariar con sus representaciones mentales. El Borracho viene a ser el pueblo rebelde, la novia de Henryk es la nación, el Padre es el Estado, y Gombrowicz mismo es un noble polaco que había encerrado en estos símbolos un drama histórico.

“Intenté protestar tímidamente, de acuerdo, no lo niego. ‘El casamiento’ es una versión loca de una historia loca; en el desarrollo onírico o etílico de su acción se refleja lo fantástico del proceso histórico, pero ¿qué Mania sea la nación y el Padre el Estado…? ¡Todo en vano! ¡Goldmann, profesor, crítico, marxista, cargado de espaldas, sentenció que yo no sabía y él sí sabía! ¡El imperialismo rabioso del marxismo! ¡Esa doctrina les sirve para agredir a la gente! Goldmann, armado de marxismo, era el sujeto, yo, desprovisto de marxismo, era el objeto; unas cuantas personas que escucharon nuestra discusión no mostraron ninguna sorpresa de que Goldmann supiera más de ‘El casamiento’ que yo mismo”.

Goldmann insistió, con posterioridad escribió dos estudios sobre el teatro de Gombrowicz, “Estructuras mentales y Creación cultural”, pero el pobre profesor, después de esta experiencia gombrowiczida, nunca recuperó del todo la cordura.

“El casamiento” es la única obra que Gombrowicz publicó en español antes que en polaco, un año después de “Ferdydurke”, pero todo ese mundo teatral tuvo que esperar mucho tiempo, recién el 1963 el Régisseur Fanfarrón la puso en escena en París.

Gombrowicz nos da su opinión sobre el trabajo del régisseur y sobre los comentarios de los críticos.

“[…] el régisseur asesinó el texto y su alto sentido espiritual-artístico […] nadie comprende nada de nada”.

A pesar de las dudas que tenía Gombrowicz el ascenso de “El casamiento” fue vertiginoso, tanto que no puede ocultar en las cartas que nos escribe la exaltación que le producía su estreno en París y la hazaña que resultó su puesta en escena.

Como el Régisseur Fanfarrón andaba por Buenos Aires en agosto del año del centenario le pedí que me ayudara a presentar “Gombrowicz, este hombre me causa problemas” en la Embajada de Polonia.

Esta solicitud resultó ser un desatino enorme que cometí con el propósito de darle lustre a la presentación de mi libro del que me voy a arrepentir toda la vida, el régisseur se comportó como un maníaco presuntuoso y ególatra sin ningún atenuante.

Las ideas centrales y únicas del Régisseur Fanfarrón eran las de que Gombrowicz había sido descubierto por él, lanzado a la fama por él, paseado por toda Europa por él. Al día siguiente tuvimos una conversación en la que puso al descubierto todo lo presuntuoso que era.

—Tuviste una intervención teatral muy europeizada, te agradezco mucho la mano que me diste; —Sí, pero a vos el Buhonero Mercachifle te hundió; —No me parece, estaba de relleno, además tené en cuenta que él es un representante típico del carnaval que armó Gombrowicz con los mufados; —Mirá, para mí ocurrieron cosas imperdonables; —¿Qué cosas, che?; —El boludo del embajador no sabía cómo me llamaba, yo soy una persona muy importante, tampoco sabía dónde había estrenado “El casamiento”, yo soy una persona famosa, estoy condecorado por el gobierno polaco, yo cobro por estas intervenciones, imaginate, mi persona tiene que quedar destacadísima en cualquier lugar porque yo soy una persona muy destacada; —Che, ¿sos tan importante?; —Importantísimo, y a vos no te perdono que no hayás suplido al boludo del embajador para anunciarme debidamente en la reunión, no te lo voy a perdonar nunca…

—¿Y para quién sos tan importante vos?; —Para el mundo; —Mirá, vos para mí sos un fanfarrón, los directores de teatro, de igual manera que los directores de orquesta y que los solistas de instrumentos musicales, tienen un plus de valor derivado, y ese plus de valor es inauténtico, les viene del autor, ustedes son medio payasos ¿sabés?

A decir verdad el Régisseur Fanfarrón es una persona importante, a partir de sus escenificaciones el teatro de Gombrowicz empezó a ser conocido en Europa pero, la cuestión consiste en saber cuánto de importante es una persona importante, y cuánto de silencio debe guardar sobre la importancia que tiene.

Cada profesión tiene sus vicios, el Gnomo Pimentón, un lacaniano de primera cepa, repasando la obra de Gombrowicz descubrió que ni en sus narraciones ni en sus piezas teatrales hay consumaciones sexuales, afirmación que caracteriza con claridad los vicios de su profesión.

Yo, por mi parte, he descubierto que en la obra de Gombrowicz existe un solo llanto, descubrimiento que me ha producido un cierto desasosiego, en primer lugar, porque no estoy seguro de que no se me esté escapando por ahí algún llanto escondido en algún rincón pequeño y obscuro y, en segundo lugar, porque no puedo ubicar con exactitud la profesión a la que corresponde el vicio de descubrir llantos.

De una cosa estoy seguro, existe un único llanto en los diarios de Gombrowicz.

“Cuando estaba escribiendo: Jeannot. —Nada. Henri. —Nada. El padre. —Transformado. La madre. —Dislocado. Jeannot. —Derribado. Henri. —Alterado… rompí a llorar de pronto como un niño. Jamás me ha vuelto a ocurrir algo semejante. Los nervios, sin duda… Sollozaba amargamente, y las lágrimas caían sobre el papel”.

Estalló en un llanto inconsolable cuando escribía este pasaje de “El casamiento”. A la vida de Gombrowicz no le faltan momentos dramáticos y motivos para el llanto tiene de sobra, pero sólo llora aquí.

29.12.10

HASTA EL 13 DE ENERO JUAN DIEGO VERGARA: “LA PARED COMO SOPORTE” EN GALERÍA VIRTUAL CELDA


JUAN DIEGO VERGARA: “LA PARED COMO SOPORTE”
del 17 de diciembre al 13 de enero de 2011


Paris, 17 de Diciembre de 2010.

Esta exposición en la Galería Celda, es el recuento de toda una época dentro de mi trabajo plástico, una época marcada por un mismo proceso, el uso de la pared como soporte. Yo Juan Diego Vergara, artista plástico, pintor de profesión, egresado de la Escuela de Bellas Artes de Lima en el año 2002. En quinto año, dos años antes de salir de la escuela, experimenté con la investigación de materiales, esponjas, cartones, telas estampadas, siempre jugando con la composición en lienzos de gran tamaño. Para luego pasar a salir del formato cuadrado del lienzo, usando la pared como continuación de la composición (ver cuadro “El ventilador”). El tener la pared como continuación de la composición me ayuda a usarla como soporte, donde pegar fotocopias, dibujos, posters, portadas de discos y revistas, me ayudaron a construir un imaginario colectivo, que habla sobre una época vivida en Lima, durante la década de los ochentas (el archivo collage). Luego el muro; como soporte para pegar testimonios de otros en un trabajo de contacto con el público (residencia artística 104- Paris). Siempre la pared como soporte, para pasar a hablar ahora de lo vivido y visto (archivo collage “mi vida actual en Paris- 2010) trabajo que adapto con el ejercicio de environnement e inmersión, conceptos del Master 2 en Artes Plásticas de la Universidad Sorbona Paris 1, donde soy actualmente alumno. Armando este nuevo imaginario colectivo, que tiene como elementos la acumulación, la reinterpretación de imágenes, el texto y el archivo, más la idea termina de completarse, cuando pinto cuadros que hablan de mi intimidad y a su vez de una vida que refleja, la vida moderna en la ciudad donde vivo, no uso un modelo, pinto de memoria lo que me impacta, que puede ser un recuerdo raro, grotesco, violento, excesivo y concentrado pero siempre poético, la rapidez del gesto; con el cual hago los apuntes, que luego se transforman en pintura, habla de la rapidez de la ciudad, del metro, del ritmo diario y de la urgencia de llegar a tiempo, urgencia por pintar, características ligadas con la vida rápida, con el sexo rápido de los bares, el stress y el amor; recuerdos hechos cuadros, cuadros que solos son solo palabras, la frase se arma juntándolos, formando parte de este imaginario colectivo, pegado sobre la pared.

Juan Diego Vergara
Artista plástico.

20.12.10

LOS 100 AÑOS DE JOSÉ LEZAMA LIMA, Y UN POEMA HOMENAJE DEL POETA VLADIMIR HERRERA


Las letras cubanas (y las latinoamericanas en general) han estado de fiesta, pues ayer se cumplieron 100 años del nacimiento de uno de los escritores más importantes del siglo XX nacido en este continente. Nos referimos al poeta, narrador y ensayista José María Andrés Fernando Lezama Lima.

Lezama nació en La Habana - Cuba, el 19 de diciembre de 1910 en el Campamento de Columbia, en las proximidades de La Habana, donde su padre era coronel. Considerado el patriarca invisible de las letras cubanas, desde 1944 hasta 1957, fundó la revista Verbum y estuvo al frente de Orígenes, la más importante de las revistas cubanas de literatura. Asmático desde la infancia, falleció en la misma ciudad el 9 de agosto de 1976.

Aquí en Internet se puede encontrar mucho contenido sobre su vida y obra. Por ello, sólo reproduzco un poema de Vladimir Herrera que integra el volumen Del verano inculto, segundo libro del poeta peruano que apareció en Valencia en 1980, desconocido aquí en el Perú, pero que para nuestro alivio, será reeditado próximamente por la editorial Cascahuesos Editores. Sirva como un homenaje desde el único lenguaje de la poesía:


DECIRES DEL DESEO LEZAMA

A Miriam de Maeztu, sagitario

El cielo pulcro sobre la diamantina, la mar untuosa
Vana para los ojos honorados, el dicho del cielo pleno
De una rosa copiada en su esfera manida, su celosa.

La mar vagarosa de faldas en lejanías frutecida,
No recobrada a la hora de las izadas iras de amor,
No sombra repelida por la gracia o la materia fina
O la por fin trocada de corazones agua binaria
Del gesto encalado. Estilo de arquero, sí, tesón,
Arrechura envenenada. Y para acabar con la risa.
Tu oscuro cuerpo de señora enfrentándose a los vellos
De estas que son manadas, recuentos de un solo desconsuelo,
Y artes del instrumento que son hechizos
De la flama erecta para el mejor lector del hígado etrusco
Bajo la luna elefantina de los restos y la retórica
Del mar con sus arenas locas su lustre y sus envelados

Sagitario friolento acomodado en su ballestera, moderno
En los usos, y en los sudores del vellocino malcriado,
Verboso lerdo que apunta al mar su flecha enmielada,
Sólo su cola se salva en rigor de la cuaderna vía,
Retruécanos de aspirar suntuoso poesía para el revuelo,
Talidad, omnímodo hueso, criatura perenne en la marquesina.

17.12.10

16 ARTISTAS PLÁSTICOS DEL CUSCO EN EL CAFÉ ZEIT DE TACNA


El café Zeit y la Escuela de Bellas Artes del Cusco “Diego Quispe Tito” los invitan a la inauguración de la muestra pictórica de la promoción 2010 “Arte en la piel” de la importante escuela de arte del Cusco. Esta muestra —que ahora se realizará en Tacna— se ha expuesto en distintos lugares del Perú y reúne los mejores trabajos de los estudiantes de la promoción 2010 de la Escuela de Bellas Artes del Cusco “Diego Quispe Tito”.

La inauguración de la muestra de arte se realizará este sábado 18 de diciembre, en los ambientes del Café Zeit, ubicado en la calle Deustua No. 150, a las 6:30 p.m. El ingreso es libre.

16.12.10

VIERNES 17: PRESENTACIÓN DE “KUNAN POP” DE JORGE VARGAS PRADO Y “YO, DOHERTY” DE GIULIÁN GUTIÉ EN CUSCO


Cascachuesos editores, el Grupo editorial Dragostea y la Municipalidad Provincial del Cusco invitan a la presentación de los libros:

KUNAN POP (Arequipa, Cascahuesos Editores, 2010) de Jorge Alejandro Vargas Prado, y
YO, DOHERTY (Arequipa, Cascahuesos Editores, 2010) de Giulián Gutié

Dicha actividad —organizada por el Grupo editorial Dragostea y con el auspicio de la Municipalidad Provincial del Cusco— se realizará este viernes 17 de diciembre a las 7:00 p.m. en la Capilla de San Bernardo (Calle San Bernardo del Centro Histórico del Cusco).

El ingreso es LIBRE


Sobre los autores:

Giuliana Gutiérrez Casaperalta (Arequipa, 1986). Egresada de la Escuela profesional de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa. Es redactora del semanario el Búho de Arequipa y de la revista Muchapinta, productora de un programa de televisión y tiene una marca de ropa que ella misma diseña La dominatriz. Yo, Doherty es su primer libro de poemas.

Sobre Yo, Doherty

Entiendo bien cuando Giulian Gutié prefiere que se hable de proyecto más que de libro. Yo, Doherty es entonces un proyecto cuyo fin último es inquietar, inquietar sobretodo al lector. La lectura se ve atravesada por manchas de sangre, borrones, dibujos, páginas casi en blanco, grafías diversas. Es un objeto que interpela, que no te deja tranquilo, me hace pensar, guardando las distancias, en los 5 metros de poemas de Oquendo de Amat y su vocación lúdica e innovadora. Pero aquí se une una vocación más, una vocación cuya clave está dada por el epígrafe sibilino y profético que es uno de los más arteros versos de José Watanabe: La mucha belleza me hace siempre perverso. Debo confesar que el amor desenfrenado de Doherty y la perfidia de Moss me han cautivado. Porque además el final del libro es el más honesto que uno pueda imaginar.

Jesús Martínez Mogrovejo

Más sobre el texto de la autora.


Jorge Alejandro Vargas Prado (Cusco, 1987). Egresado de la Escuela Profesional de Literatura y Lingüística de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa. Ha publicado La loca y otros cuentos desvergonzados (2005), Cuentos (2006), Para detener el tiempo (2008) y Kunan pop (2010). Editor y promotor cultural, ha incursionado en la traducción de poesía, el video arte, las artes plásticas y la intervención urbana. Es miembro fundador del Grupo Editorial Dragostea. Reside en Cusco.

Sobre Kunan pop

En estos relatos, Vargas nos presenta la posibilidad de la existencia de una cosmovisión andina contemporánea en la cual todos con voluntad de pertenecer se incluyen (…). Estos cuentos, escritos en un estilo onírico-real que refleja nuestra realidad inquietante, nos demuestra que en un mundo herido por la crueldad del pasado colonial y la apatía violenta del presente, sobreviven trozos de esperanza para un futuro en el cual se reinventa lo que significa ser peruana desde los márgenes andinos.

Rebecca L. Thompson

Más sobre el texto del autor.

14.12.10

“SE FREGÓ LA FIESTA”: MUESTRA PICTÓRICA DE LUIGI STORNAIOLO


Inauguración: miércoles 15 de diciembre, a las 19:00 horas.
Lugar: Ministerio de Cultura (Av. Colón y Juan León Mera), Quito - Ecuador.

5.12.10

PRESENTACIÓN DE “BARRIDO DE CAMPO” Y “GEOMETRÍA MORAL” EN QUITO, CUENCA Y GUAYAQUIL


Cascahuesos Editores cierra sus actividades del presente año con una gira internacional en el hermano país del Ecuador, en donde llevará a cabo la presentación de dos de sus más importantes publicaciones de poesía: Barrido de Campo de Juan José Rodríguez Santamaría (Ambato, 1979) y Geometría moral de Luis Carlos Mussó (Guayaquil, 1970). Estas actividades se llevarán a cabo en las 3 ciudades más importantes de dicho país, y contará con la presencia de varios intelectuales jóvenes de cada una de estas ciudades.

Las presentaciones de ambos libros se realizarán en las siguientes fechas:

Miércoles 8 de diciembre:

La presentación se realizará en la ciudad de Quito a las 19:00 horas, en el Auditorio principal del Centro Cultural Benjamín Carrión (Jorge Washington E2-42 y Ulpiano Díaz) y estarán en la mesa:

• Fernando Escobar Páez
• César Eduardo Carrión y
• José Córdova

Viernes 10 de diciembre:

La presentación se realizará en la ciudad de Cuenca a las 19:00 horas, en la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Azuay (Presidente Córdova 789 y Luis Cordero) y estarán en la mesa:

• Ángeles Martínez
• Cedric Rocher
• Carlos Vásconez y
• José Córdova

Sábado 11 de diciembre:

La presentación se realizará en la ciudad de Guayaquil a las 11:00 horas, en la sala Jorge Pérez Concha (5to piso) de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Guayas (Av. Quito y Nueve de Octubre) y estarán en la mesa:

• Fabián Darío Mosquera y
• José Córdova

Los esperamos a todos los que estén cerca, el ingreso es totalmente libre y habrá mucho vino de honor.

2.12.10

PRESENTACIÓN DE “BAGHAVAD PIZZA” DEL POETA CUSQUEÑO MIGUEL ÁNGEL FUENTES GALLEGOS


Día: viernes 3 de diciembre
Hora: 6:30 p.m.
Lugar: Casa de la Literatura Peruana (Jr. Ancash 207, Centro de Lima)
Ingreso libre

Arquitecto de profesión, Miguel Ángel Fuentes Gallegos ha escrito tres obras de teatro, entre ellas destaca Enroque, obra que participó con mucho éxito en la muestra nacional de teatro el año 2000, en Arequipa. Asimismo ha realizado diversas publicaciones entre las que destacan: Certezas (1998), De rumores y milagros (2000), Happy Hour (2004) y Otro día de sol, nombre de su primer poemario publicado en el 2008. Su trabajo ha llegado a países como Chile, Colombia, Bolivia, Argentina, Ecuador, México, Cuba y España, con su participación en encuentros de poetas y diversas publicaciones.

Sobre Baghavad Pizza, dice el autor: “Escribo básicamente para vengarme de mis profesores de colegio, para no convertirme en funcionario público y de paso para poner en práctica mi inglés tercermundista, y sobre todo para evitar que se desborde mi instinto de Charles Manson… Escribo porque es la única manera de disipar mis ideas termonucleares en pos del control de la natalidad…”.

La presentación del libro contará con un marco musical que estará a cargo de la banda “Los Viejitos de Barrón”. Este grupo, dedicado a la mezcla del arte a través de la música, fue fundado el año 2005 con el objetivo de expresar a través de sus canciones una esencia que combina diversos géneros artísticos, a lo que denominan “anti música”. La banda está formada por un grupo ecléctico de fotógrafos, escritores y actores del que forman parte los escritores Juan José Sandoval y Rafael Romero T.

30.11.10

“RANHUAILLA”, LOS NUEVOS POEMAS INCORREGIBLES DE VLADIMIR HERRERA


1

La lluvia ha golpeado el río clandestino
Oscuro de vegetación imaginaria
Como el tren en la novela rusa o como
La Anaconda fiel del cuaderno de primaria


2

El tigre de la lluvia ha golpeado el presente
Enamorado Torrentoso Fiel Siempre
Hasta no ser posible tan harta la lluvia
Que ha golpeado El Maíz El País
De mis niños Su Pequeña República
Hoy nos levantamos del barro
Con Papas Con Habas en las canastas
Y jugamos al Tigre y al Ratón
Son meses de Latidos Mojados
Mis niños casi rubios casi rusos
Vuelan cometas
En su Pequeña y Soleada República
Y ya es agosto Entrado el año de siembra
No hay agua Todo es polvo sideral en la montaña
Y crece la lluvia Sin Duda Nada



Tal como se menciona en el blog del poeta Pedro Granados, estos poemas son parte de los Nuevos poemas incorregibles del poeta Vladimir Herrera, de próxima aparición en la colección Nuevos Textos Sagrados de la editorial barcelonesa Tusquets Editores (tal como sucedió con su último libro).

Granados dice: «un tono cálido, más próximo al lector, inunda estos versos. La sutura a crochet es acaso la misma; panes de diverso diseño y espesor conectados en una misma graciosa manga, a una sabia mano que teje y a un grito. En este nuevo libro que se anuncia, ¿del tema erótico habremos pasado al familiar; del pozo personal a la savia colectiva?». Aguardamos desde ya el nuevo libro de este incorregible poeta. (La fotografía es del Festival latinoamericano de poesía “Un par de vueltas por la realidad” que se realizó hace poco en la ciudad de Lima).

28.11.10

RESULTADOS PARA LA “ANTOLOGÍA CONSULTADA DE LA POESÍA PERUANA 1968-2008”


ANTOLOGÍA CONSULTADA DE LA POESÍA PERUANA 1968-2008
RESULTADOS
Luis Fernando Chueca / José Güich / Carlos López Degregori / Alejandro Susti

El año 2008, Luis Fernando Chueca, José Güich, Carlos López Degregori y Alejandro Susti propusimos al Instituto de Investigaciones de la Universidad de Lima la elaboración de la primera antología de la poesía peruana contemporánea. De acuerdo al cronograma de nuestro proyecto, es necesario difundir los resultados de la consulta. El próximo año aparecerá la antología con su estudio introductorio respectivo.

En el proceso de nuestra poesía ya están consolidadas, en líneas generales, las voces y obras de los poetas peruanos anteriores a la denominada generación del setenta; sin embargo, por su mayor cercanía y por el hecho de haber sido poco estudiada, la etapa de los poetas surgidos a partir de 1968 se presta a múltiples opiniones divergentes y discusiones.

Se trata de un paisaje movible y contradictorio, lleno de prestigios efímeros y de poéticas excluyentes. Frente a él proponemos esta antología consultada de la poesía peruana con la finalidad de evaluar la percepción de la institución literaria en estos albores del siglo XXI. La distancia de cuarenta años permite una mirada más comprensiva, abarcante y objetiva; más aún si los consultados pertenecen a un espectro que comprende varias generaciones y posturas estéticas. Decidimos, en consecuencia, que nuestra consulta inquiriera por los autores nacidos hasta 1980 que contaran, por lo menos, con un poemario editado y cuyos libros hubieran aparecido a partir de 1968. Elegimos ese marco cronológico, para que ello nos facultara sondear escritores con una obra en proceso de consolidación.

Con la finalidad de facilitar la consulta, procedimos a elaborar una lista de alrededor de cuatrocientos poetas que se situaran en el marco cronológico de nuestra consulta y que fuimos completando con los aportes de muchos opinantes. Buscando disminuir, en alguna medida, el carácter subjetivo y parcial de toda antología, identificamos a ciento treinta y siete representantes calificados de nuestra comunidad literaria y de nuestros lectores. Buscamos que ellos pertenecieran a distintas generaciones o promociones poéticas y que representaran visiones estéticas diversas; igualmente, tratamos de que se situaran en los distintos ámbitos del sistema literario sondeando entre los poetas, los críticos y los investigadores académicos. Incluso, recurrimos a la opinión de algunos estudiosos extranjeros que sobresalen por sus trabajos dedicados a la poesía peruana y por la preparación de antologías dedicadas a nuestra poesía contemporánea.

A cada consultado le solicitamos una lista de veinte poetas que a su juicio deberían figurar en una antología de la poesía peruana y adicionalmente, si lo consideraban conveniente, podían ofrecer los títulos de cinco libros que consideran fundamentales en el proceso de la poesía peruana 1968-2008. Le remitimos una carta vía correo electrónico y recibimos las respuestas de 123 consultados.

La lista de consultados que atendieron a nuestra solicitud y nos enviaron su propuesta es la siguiente:

Ágreda, Javier / Agurto, Gastón / Ampuero, Fernando / Ángeles, César / Anicama, Joel / Ayllón, Ricardo / Bances, Miguel / Barrientos, Violeta / Belli, Carlos Germán / Bernabé, Mónica (España) / Cabel, Andrea / Cabel, Jesús / Cabrera, Miguel / Canfield, Martha (Uruguay - Italia) / Carrión, Ernesto (Ecuador) / Castillo, Luis Alberto / Cisneros, Antonio / Cisneros Cox, Alfonso / Cerón, Rocío (México) / Córdova, José / Crisólogo, Roxana / Chirinos, Eduardo / De Lima, Paolo / De la Fuente, Juan Carlos / Di Paolo, Rosella / Dreyfus, Mariela / Elmore, Peter / Eslava, Jorge / Espinoza, Gabriel / Estela, Carlos / Falconí, Ana María / Faverón, Gustavo / Fernández, Carolina / Fernández Cozman, Camilo / Ferreira, Rocío / Gálvez, Javier / García, Luis Eduardo / García Miranda, Carlos / Garvich, Javier / Gazzolo, Ana María / Gherzi, Erika / Gómez, Willy / Gonzáles, Odi / González Vigil, Ricardo / Guerrero, Gustavo / Guerrero, Victoria / Guillén, Paul / Helguero, Lorenzo / Hernández Montecinos, Héctor (Chile) / Huamán, Miguel Ángel / Huamán, Reinhard / Ildefonso, Miguel / Infantas, Ignacio / Iparraguirre, Alexis / Jiménez, Reynaldo / León, Úrsula / Limache, Óscar / López Maguiña, Santiago / Lumbreras, Ernesto (México) / Málaga, Óscar / Malpartida, Miguel Ángel / Martos, Marco / Medo, Maurizio / Mendiola, Víctor Manuel (México) / Mendizábal, Bruno / Mendizábal, Raúl / Mondoñedo, Marcos / Morales Saravia, José / Montalbetti, Mario / Nájar, Jorge / Niño de Guzmán, Guillermo / Ollé, Carmen / Otero, Diego / Oquendo, Abelardo / Ortega, Julio / Oviedo, José Miguel / Padilla, José Ignacio / Pérez, Hildebrando / Pinasco, Sandra / Planas, Enrique / Polack, Bruno / Pollarolo, Giovanna / Quiroz, Rubén / Rabí, Alonso / Reisz, Susana / Rivera Martínez, Edgardo / Rodríguez-Gaona, Martín / Rodríguez Zavaleta, Jaime / Rohner, Fred / Rosas, Patrick / Ruiz, Víctor / Ruiz Rosas, Alonso / Sabogal, Isabel / Salazar, Claudia / Salazar, Ina / Sánchez Hernani, Enrique / Sánchez León, Abelardo / Sandoval, Renato / Santiváñez, Roger / Sordómez, Romy / Soto, Juan José / Sotomayor, Carlos / Suárez, Modesta (España) / Thays, Iván / Torres Rotondo, Carlos / Tumi, Mito / Urco, Jaime / Usandizaga, Helena (España) / Valdivia, Alberto / Vega, Selenco / Vega, Stanley / Vega Farfán, Denisse / Velásquez, Marcel / Vélez, Elio /Villacorta, Carlos / Wiener, Gabriela / Wiesse, Jorge / Ybarra, Rodolfo / Yrigoyen, José Carlos / Yushimito, Carlos / Zapata, Miguel Ángel / Zúñiga, Luis / Zurita, Raúl (Chile).

Durante los meses de mayo, junio y julio del 2009 recibimos las propuestas de los consultados. A continuación ofrecemos la lista de los 45 poetas que obtuvieron más menciones. Nos hemos limitado a transcribir los resultados numéricos en el caso de los poetas que alcanzaron o sobrepasaron 50 menciones; en los otros casos, solo mencionamos a los autores que aparecerán en la antología en orden alfabético.

1. Watanabe, José (101)
2. Verástegui, Enrique (93)
3. Ollé Carmen (88)
4. López Degregori, Carlos (83)
5. Montalbetti, Mario (81)
6. Pimentel, Jorge (67)
7. Santiváñez, Roger (62)
8. Chirinos, Eduardo (58)
9. Yrigoyen, José Carlos (57)
10. Di Paolo, Rosella (56)
11. De Ramos, Domingo (56)

Alba, Patricia
Alvárez, Montserrat
Burgos, Elqui
Cornejo, María Emilia
Crisólogo, Roxana
Chanove, Osvaldo
Chirinos Cúneo, Guillermo
Chocano, Magdalena
Chueca, Luis Fernando
Dreyfus, Mariela
Echarri, Xavier
Eslava, Jorge
Espinosa, Rafael
Frisancho, Jorge
Gazzolo, Ana María
Guerrero, Victoria
Guillén, Paul
Helguero, Lorenzo
Herrera, Vladimir
Ildefonso, Miguel
La Hoz, Luis
Martínez, Cesáreo
Mazzotti, José Antonio
Mora, Tulio
Morales, Manuel
Morales Saravia, José
Moromisato, Doris
Pollarolo, Giovanna
Quijano, Rodrigo
Ramírez Ruiz, Juan
Rodríguez-Gaona, Martín
Rojas, Armando
Sánchez León, Abelardo
Silva Santisteban, Rocío

Solo 53 de los opinantes mencionaron los títulos de libros que consideraban fundamentales en el proceso de la poesía peruana del periodo. En la identificación de los poemarios se observa una gran dispersión y ofrecemos a continuación los que obtuvieron seis o más menciones (más de un 10%):

Enrique Verástegui / En los extramuros del mundo (23)
Ollé, Carmen / Noches de adrenalina (19)
José Watanabe / El huso de la palabra (17)
José Watanabe / Cosas del cuerpo (10)
Mario Montalbetti / Perro negro (8)
Carlos López Degregori / Lejos de todas partes (7)
Manuel Morales / Poemas de entrecasa (7)
Jorge Pimentel / Ave soul (7)
Juan Ramírez Ruiz / Un par de vueltas por la realidad (7)
Montserrat Álvarez / Zona dark (6)
Mario Montalbetti / Fin desierto (6)
José Morales Saravia / Cactáceas (6)

26.11.10

“MORIDOR”, EL CUARTO POEMARIO DE WILLY GÓMEZ MIGLIARO


Por Paolo de Lima

En primer término, quiero resaltar algunos aspectos paratextuales presentes en Moridor, cuarto poemario de Willy Gómez Migliaro (Lima, 1968) impecablemente editado este año por el novísimo sello Pakarina Editores. La dedicatoria, al igual que en su primer poemario Etérea, del 2002, está dirigida a Margarita, pero se añade ahora al queridísimo Andrés, hijo de ambos. La familia que ha formado el poeta se completa, pues, en estos años de producción poética en formato de libro. Con relación al autor de la cita que abre el libro, T. S. Eliot, se trata de una referencia presente también en Etérea, así como en la sección “Roturas” de su tercer poemario La breve eternidad de Raymundo Nóvak (su segundo poemario es el titulado Nada como los campos). En ocho años de escritura poética, Gómez Migliaro ha sabido mantener una misma relación personal y literaria. Su poesía demuestra la plena vigencia que Eliot tiene entre nosotros, desde las primeras menciones entre autores peruanos de la generación del cincuenta, y desde que Javier Heraud (cuyo primer libro El río cumplió este año cincuenta años de existencia) intertextualizara poemas de Eliot en su poema de 1961 “Entierro del verano”. Heraud sería de los primeros en el Perú —antes de Cisneros e Hinostroza— en atisbar lecturas de poesía anglosajona de la primera mitad del siglo XX —Eliot, específicamente—, y de asimilarlas a su escritura poética. Estas lecturas ya habían sido aclimatadas en el Perú, como sustenta al respecto el narrador Miguel Gutiérrez en su libro de 1988 La generación del 50: un mundo dividido: “Eielson afirma que era lector de Eliot por los años que escribía Canción y muerte de Rolando [1959] y Reinos [1945]; en 1948 Westphalen escribe en El Comercio (edición del 10 de noviembre) un artículo titulado ‘Notas sobre Ezra Pound y T. S. Eliot’; Raúl Deustua, no mucho después, publica un comentario sobre los Cuatro cuartetos de Eliot en Mar del sur[;] por otra parte, Blanca Varela, que luego de su vinculación con el grupo que se reúne en torno a Las moradas, vive la experiencia cosmopolita de París con Julio Cortázar y Octavio Paz y los existencialistas franceses, confiesa tener entre sus poetas preferidos a T. S. Eliot; es más, en las postrimerías de los 50, Manuel Velásquez Rojas publica su poema ‘La voz del tiempo’, donde se escuchan, si bien de manera incipiente, los primeros ecos de la poesía de Eliot” (págs. 66-67). A inicios de este siglo XXI, lo comprueba la poesía de Willy Gómez, T. S. Eliot continúa siendo una figura central entre nosotros.

Ahora, con relación a los poemas de Moridor en sí, quiero referirme a un aspecto en concreto. Es el relacionado con dos tipos de imágenes que recorren el libro. Se trata en el fondo de dos fuerzas contrapuestas, una de signo positivo y otra de signo negativo. Basta citar algunos ejemplos entresacados de los primeros diez poemas. En la primera fuerza apreciamos expresiones como “la estética pacifista”, “la ilusión de decir todo o nada”, “la naturaleza de lo creado es un signo de claridad”, “el movimiento de esperanza”, las “coordenadas luminiscentes”, “una ilusión incontestable”, una “respiración pacífica”, las “visiones de gran ciudad”, “la nueva fortuna”, “una patria de amor”, el “día de la dignidad”, “la bienvenida”, “la esperanza”, “la luz barniz”, “la confianza que deposito en ti” o “el soporte de luz”. Todo esto se contrapone a las “oscuras causas”, “las capas del maligno”, “las paredes oscuras”, “las zonas de peligro”, las “repúblicas de odio”, el “jardín oscuro”, la “excitación de la muerte”, los “animales breves en el egoísmo”, “una mancha que invade”, “el aspecto turbio del agua”, los “arrodillados en la oscuridad” o “el germen de la derrota”. Creo percibir, en mi primera lectura de Moridor, que es entre estas dos fuerzas, entre ambas proyecciones del alma humana, por donde transita esta poesía lúcida y atenta. Con tranquilidad segura, sin aspavientos, desde la dirección de entrañables revistas de poesía de inicios de los años noventa como Polvo enamorado y Tocapus, Willy Gómez ha venido afianzando una de las propuestas más personales de la hora. Poemas como “El rulemán golpeado”, “Tuvieron que matar los pobres hombres” o “Querido W” lo comprueban.

Río, barrio de Copacabana, 03 de agosto del 2010


* En la imagen: Paolo de Lima, Dalmacia Ruiz Rosas y Willy Gómez Migliaro. Fotografía de Victoria Guerrero.

WITOLD GOMBROWICZ Y MARTÍN BUBER


Por Juan Carlos Gómez

“El casamiento” es una obra oscura, sonámbula, extravagante; ni yo mismo sabría descifrarla por entero, tanta sombra hay en ella”.

Gombrowicz empezó “El casamiento” durante la guerra con el propósito de escribir la parodia de un drama genial al estilo de Shakespeare. Se propuso mostrar a la humanidad en su paso de la iglesia de Dios a la iglesia de los hombres, pero esta idea no le apareció al comienzo de la obra, en la mitad del segundo acto todavía no sabía bien lo que quería. “El casamiento” representa la teatralidad de la existencia, una realidad creada a través de la forma que se vuelve contra Henri y lo destruye. En esta obra Gombrowicz le abre la puerta a sus percepciones proféticas. Es el sueño sobre una ceremonia religiosa y metafísica que se celebra en un futuro trágico en el que el hombre advierte con horror que se está formando a sí mismo de un modo imprevisible como un acorde disonante entre el individuo y la forma.

Si no hay Dios, entonces los valores nacen entre los hombres. Pero el reinado de Henri sobre los hombres tiene que hacerse real, las necesidades formales de la acción para hacerlo un rey verdadero terminan por derrumbarlo y toda la transmutación fracasa; Henri ha recibido un zarpazo de Dios.

En esta pieza de teatro se cuenta el sueño de un soldado polaco alistado en el ejército francés que está peleando contra los alemanes en algún lugar de Francia. Durante el sueño se le abren paso las preocupaciones que tiene por su familia perdida en alguna de las provincias profundas de Polonia y se le despiertan los temores del hombre contemporáneo a caballo de dos épocas. Henri ve surgir de ese mundo onírico a su casa natal en Polonia, a sus padres y a su novia.

El hogar se ha envilecido y transformado en una taberna en la que su novia es la camarera y su padre el tabernero, y ese padre miserable y degradado en una posada miserable, perseguido por unos borrachos que se mofan de él, grita al cielo que es intocable, y alrededor de esta exclamación se empieza a hilar toda la trama de la historia.

“Por favor, no piensen que pueden permitírselo todo porque esto es una posada. ¿Pero qué es esto? ¡Eh! Les entran las ganas, también es una calamidad que a esta arrastrada todos la quieran manosear, no piensan más que en tocarla, todos la tocan y la sofaldan, día y noche, sin parar, siempre igual, frotarla, sobarla, sofaldarla, y eso trae problemas […] ¡No te cases con ella! Porque el viejo borracho dijo la verdad”.

“Ella tonteaba con Jeannot, en el pasado […] ¡También yo los sorprendí sobándose junto al pozo en pleno día, se toqueteaban y se buscaban, él a ella y ella a él, Henri, no te cases!”.

El padre tenía una idea un tanto rancia sobre su autoridad sobre el hijo y sobre la humanidad.

“Y quien alce su mano sacrílega contra su padre cometerá un crimen espantoso, inaudito, infernal, diabólico y abominable, que irá de generación en generación, lanzando gritos y gemidos terribles, en la vergüenza y los tormentos, maldito de Dios y de la Naturaleza, marchito, estigmatizado, abandonado”.

Henri utiliza, a efectos de alcanzar sus propósitos, un procedimiento drástico para hacerse de la autoridad que le arrebata al padre y, por lo tanto, a Dios.

“Es la paz. Todos los elementos rebeldes han sido detenidos. El Parlamento también ha sido detenido. Aparte de eso, los medios militares y civiles, y grandes sectores de la población, así como la Corte Suprema, el Estado Mayor, las Direcciones Generales, los Departamentos, los Poderes públicos y privados, la prensa, los hospitales y parvularios, todos están es prisión. Hemos encarcelado también a los ministros y, en general, a todo. También la policía está en la cárcel. Es la paz. La calma”.

Sin embargo, la verdadera autoridad de “El casamiento” Gombrowicz la encuentra en el poder que tienen las palabras.

“¡Todo eso es mentira! Cada uno dice lo que es conveniente y no lo que quiere decir. Las palabras se alían traicioneramente a espaldas nuestras […]”.

“Y no somos nosotros quienes decimos las palabras, son las palabras las que nos dicen a nosotros, y traicionan nuestro pensamiento que, a su vez, nos traiciona. ¡Ah, la traición, la sempiterna traición! […]”.

“Las palabras liberan en nosotros ciertos estados psíquicos, nos moldean… crean los vínculos reales entre nosotros. Si tú dices algo como: ‘Si tú lo quieres, Henri, me mataré de mil amores’, parece en principio algo extraño, pero yo puedo responder con algo más extraño aún, y así, ayudándonos el uno al otro, podemos llegar lejos […] Asiste a la boda, Jeannot, y cuando llegue el momento, mátate con este cuchillo”.

Si el mundo existe como yo lo percibo o como una realidad anterior a la división en sujeto y objeto, no son asuntos que le hayan quitado el sueño a Gombrowicz, pero sí se lo quitó la consecuencia que se desprende de ellos: el carácter originario de su yo.

El yo es una idea poderosa porque es el origen de todas las cosas, y también por la grandeza que puede alcanzar ese yo en la forma de una personalidad. Que el yo sea el origen de todas las cosas es una cuestión a la que le sale al paso Martín Buber cuando lee “El casamiento”.

Había caído en las manos de Gombrowicz, “¿Qué es el hombre?”, un libro de Martín Buber que había alcanzado una gran difusión, y descubre leyéndolo que el filósofo utilizaba el concepto del “entre” en el mismo sentido que lo usaba él, entonces se anima y le manda “El casamiento”.

Buber le escribe una carta muy cordial en la que le dice que era un experimento audaz y, como tal, más importante que las curiosidades de Pirandello.

Pero también le dice que la tragedia sólo es posible si hay por lo menos dos personas, si existe un antagonismo real entre dos personas diferentes, ajenas una a la otra que, por esa diferencia, se pueden destruir mutuamente. Pero si lo que ocurre, ocurre entre una persona y un mundo cuya existencia está tan solo en el poder de su imaginación, el resultado puede ser irónico o paradójico, satírico o burlesco, todo menos dramático, pues no existe drama donde la resistencia del otro no es real. El psicodrama no es un drama porque el otro que se encuentra en el fondo del alma, como espejismo o imagen, no es y no puede ser una persona.

Los argumentos de Buber no le resultaron convincentes a Gombrowicz. Le contestó que si una persona padece una enfermedad incurable, el drama se realiza entre el enfermo y la enfermedad.
El sueño de “El casamiento” es un sueño sobre la realidad, y los miedos que enfrenta el protagonista provienen de un contacto real con la vida, aunque sea un contacto con personas creadas por su imaginación. Los hombres independientes no existen, y nuestras ideas y sentimientos no vienen de nosotros mismos, se forman entre los hombres, en una esfera peligrosa y poco conocida. Buber y Gombrowicz tuvieron una corta y buena relación, el filósofo le dio la mano que le pidió el artista, pero al final del cuento cada uno se quedó con su punto de vista.

“Se equivoca usted señor Gombrowicz: cuando tengo ante mí un auténtico autor, no pregunto más, poco me importa que vea el mundo de la misma manera que yo o de otra diferente, le digo lo que pienso de él y si puedo lo apoyo […]”.

“Pero usted vuelve a equivocarse. No poseo ya la misma influencia universal […] No obstante, como ya he dicho, tengo buena voluntad, pero como no sé a quién dirigirme añado algunas palabras bastante claras en la tarjeta adjunta sin indicar destinatario y le pido que las utilice como lo juzgue más conveniente […]”.

Gombrowicz responde esta carta de Buber con cierta desesperanza amarga pero con agradecimiento.

[…] Sin embargo, señor Buber, yo tenía la esperanza de que por algunas inclinaciones de su espíritu podría haber gustado de “El casamiento”, no sólo como una obra literaria, sino además como algo concebido no muy lejos de usted […] Usted me parece una persona muy interesante, aunque temo no conocerlo suficientemente, pero usted sabe lo complicada que es la existencia, sobre todo para alguien como yo que tiene que perder siete horas al día en asuntos que no tienen nada que ver con la filosofía ni con la cultura en general […]”.

17.11.10

UN POEMA ES MI NEGATIVA A ENTENDER EL LENGUAJE: “FUNDACIÓN DE LA NIEBLA” DE ERNESTO CARRIÓN


Por Paul Guillén

QUISIERA EMPEZAR ESTA PRESENTACIÓN CON DOS DATOS TAL VEZ CIRCUNSTANCIALES: El primer dato es que en el año 2007 tres poetas peruanos de los más importantes, publicaron libros que en sus títulos estaba incluida la palabra NIEBLA, hasta en un semanario local, alguien firmó una nota intitulada algo así como “un año de niebla” o “poesía de niebla”, me refiero a los libros: En el hocico de la niebla de Jorge Pimentel, Banderas detrás de la niebla de José Watanabe, y Como un carbón prendido entre la niebla de Antonio Cisneros. Empezando el 2008, Leopoldo Chariarse, otro poeta peruano importante, nos entregaría la antología Resplandor en la niebla. El segundo dato es que el libro Fundación de la niebla de Ernesto Carrión empieza con un epígrafe del poeta camerunés Paul Nyunai, lo cito: “Y te obstinas en buscarme fuera de ti / Allí donde no puedo estar / Soy tú en ti / La unidad increada”, se trata de unos versos del poema “Suprema esencia”. Quería hace este comentario, porque soy admirador de los poetas que se llaman Paul, ¿por algo será, no? por ejemplo entre mis poetas Paul favoritos están: Paul Celan, Paul Éluard, Paul Valéry, Paul Verlaine, y ahora gracias a Ernesto Carrión, Paul Nyunai.

Antes de empezar mi comentario sobre el libro de Ernesto quisiera decir algo muy general sobre la poesía ecuatoriana: es poco conocida y frecuentada en el medio literario peruano, cuando debería ser al revés debido a nuestra cercanía geográfica. Algunos esfuerzos se han desplegado con antologías binacionales Perú-Ecuador de poesía y cuento. Una de ellas es Álbum de arena, coordinada por Ernesto Carrión y Maurizio Medo; otra antología se titula simplemente Poesía Perú-Ecuador y fue preparada por el poeta peruano Carlos Villacorta. En ese sentido, el año pasado la editorial Alfaguara publicó la Antología de poesía. Literatura de Ecuador, selección de Iván Carvajal y Raúl Pacheco, el libro incluye desde poetas modernistas como Medardo Ángel Silva, poetas vanguardistas como Hugo Mayo, pasando por los más conocidos en el ámbito latinoamericano Jorge Enrique Adoum, Jorge Carrera Andrade y César Dávila Andrade, hasta poetas últimos como Ernesto Carrión y Juan José Rodríguez. En esa antología también podemos leer a Alfredo Gangotena, poeta relativamente conocido en el Perú, es un caso similar a César Moro, gran parte de su poesía la escribió en francés, y mantuvo una fructífera amistad con poetas, pintores y cineastas como Henri Michaux, Jules Supervielle, Jean Cocteau o Max Jacob. Uno de los descubrimientos notables, por lo menos para mí, en esa antología es la poesía de Gonzalo Escudero, poeta al que he leído con sumo placer, y me desconcierta su poca resonancia fuera de las fronteras de su país, cuando debería ser considerado como uno de los poetas latinoamericanos de primera línea. Digo esto para problematizar la idea generalizada que la poesía ecuatoriana no tiene una fuerte tradición literaria, cuando escucho eso se me viene a la mente la poesía de Escudero y Gangotena, y no puedo dejar de pensar lo contrario, creo que la poesía de Carrión va por esos caminos. Me interesa en demasía la poesía de Carrión, sobre todo que un poeta como Raúl Zurita ha expresado que es “uno de los poetas imprescindibles de la ya extraordinaria generación de poetas latinoamericanos”. De acuerdo, es una extraordinaria generación. Títulos como Demonia Factory o La muerte de Caín de Ernesto Carrión, así, lo confirman. Pero también otros títulos como Coma de Héctor Hernández Montecinos, Síncopes de Alan Mills, Frágiles trofeos de Jerónimo Pimentel, Lesley Gore en el infierno de José Carlos Yrigoyen, Degenerativa de Alejandro Tarrab, Cabaret Provenza de Luis Felipe Fabre, Muletología de Juan Salzano o Doxa de Ezequiel Zaidenwerg, por mencionar unos cuantos.

Ahora sí, quisiera comenzar mi comentario sobre el libro de Ernesto. Fundación de la niebla de Ernesto Carrión empieza su recorrido con el verso: “un libro quebrado como un verso al final de la hoja”, este rompimiento, esta quebradura, esta partición nos lleva a pensar en una unión entre la materialidad del libro (el papel, la tinta) y el cuerpo (la carne, la sangre). Papel, tinta, carne y sangre están quebrados dentro del libro y el mundo. Este quebrarse también se ha producido en la cabeza del poeta. Es un poeta quebrado que nos invita irremediablemente a asistir a una horrible fiesta, donde la niebla es una gran masa de cuerpos no individualizados: “éramos 400 millones de rostros / fundiéndose en la niebla”. Esta gran masa o turba que es: “UN SOL DE ÓRGANOS INFINITOS TENDIDO / BAJO PEDAZOS DE BLANCO CIELO”, hará que el poeta pierda su nombre y su identidad: “y desparecieron tu nombre”. Todo esto ocurre, porque el poeta y la turba tienen una herida en la cabeza, ¿se habrá producido una lobotomía? La lobotomía de la cultura y la ignorancia me pregunto yo. Un aspecto importante es que el poeta se vale de cierta imaginería bíblica y apocalíptica, para situar los poemas, mediante esa barrera en contra de la racionalidad utilitarista e instrumental, pensemos en los títulos de sus anteriores libros La muerte de Caín, Demonia factory, La bestia vencida, etc. En Fundación de la niebla existe la idea y el símbolo de la “cabeza” que quiere huir de esa lógica: “cabeza que no duerme en su cabeza / para sentirse viva”. Y aún es más cuando el poema se dirige a la “cabeza” le dice: “Pero aún tú y yo no conocemos nada de este mundo”, el poeta y la cabeza están fuera del mundo salvaje en el cual vivimos, hay una partición entre el cuerpo y la cabeza. Estas imágenes de la cabeza y del cuerpo, me hacen recordar las fotografías tan poderosas de Joel-Peter Witkin, donde sale un hombre sin cabeza, esta situación de que el cuerpo no es uno con la cabeza le lleva al poeta a preguntarse sobre lo que es un hombre: “¿somos un hombre —cabeza—? / ¿qué es un hombre?”. Esta desunión entre lo corporal y la cabeza (el logos) resulta en que el cuerpo le pide a la cabeza que le dé un poema negro. Esta incompatibilidad entre el cuerpo y la cabeza se torna más explícita más adelante: “odio despertar junto a ti y odio tus sueños —cabeza—. / soy sólo feliz cuando has bebido tanto y tanto que no / recuerdas mi nombre: un ataúd, que cargas en silencio, / lleno de fantasmas”, por un lado, la cabeza estaría conjeturada como el lugar del logos, del sueño y la imaginación, en tanto, el cuerpo es un lugar, donde imperan los fantasmas y la culpa, esto daría como resultado una disyunción entre lo sensorial, lo sensual y el raciocinio. Por un lado, a la cabeza le dolería tener un cuerpo, por eso, necesita embriagarse para olvidarse del cuerpo, y por otra parte, en tanto cuerpo odiaría tener esa cabeza, la cual le hace sentir dolor y desesperación. Es un infierno esa situación de ser “cabeza” y “cuerpo” escindidos. Al cuerpo lo que le queda es tratar de reconocerse para saber si existe y recobrar su nombre: “voy a trazar un círculo sobre mi cuerpo para encontrar / mi cuerpo Voy a trazar un círculo sobre mi / cuerpo para ubicar el territorio desde el que escribo (…) Voy a trazar un círculo sobre mi cuerpo / para alumbrar mi nombre”.

Teoría del poema: LA LEPRA ES LA ESCRITURA “escribir para no ensanchar más la mirada entre el / objeto y nosotros”, y “Toda mi vida he escrito / como si fueran mis últimos minutos. Líneas sin sentido / en las que trazo el mapa de agua de un organismo muerto”. LOCURA, VIDENCIA, POESÍA. Me refiero en general a las partes II y III del libro, me quedo con la idea que Ernesto concibe a la poesía como fotografía, pero una fotografía de seres incompletos: “un caballo incompleto que acaba de salir del túnel de los retratos”, una fotografía que dé cuenta de lo sobrenatural dentro de lo cotidiano: “Un violín respirando / en la mano de un muerto”.


*Fuente: Letras.s5. En la imagen: Paul Guillén, Ernesto Carrión y José Córdova, en la presentación del libro en la XV Feria Internacional del Libro de Lima.

16.11.10

PRESENTACIÓN DEL LIBRO “FULGOR DE LA DERROTA”, DE ÁNGEL EMILIO HIDALGO


Estimados amigos(as), les invito cordialmente a la presentación de mi último libro de poesía, en Quito, ojalá puedan acompañarme.

Lugar: Centro Cultural Benjamín Carrión (Washington y Páez, esq.)
Día: miércoles 17 de noviembre
Hora: a las 19h00
Intervendrán los poetas Juan José Rodríguez y Rocío Soria.


¿La poesía es un fin o un medio de expresión que los escritores optan para enunciar su lugar en el mundo? La posibilidad de “hacer poesía” más allá del lenguaje, es uno de los motivos principales de este libro, donde los versos cortados (y cortantes) son un instrumento del decir lírico, en el duro oficio de renombrar el mundo, recreándolo más allá de sus arquetipos, imágenes y símbolos. En la obra, Hidalgo crea un universo de sentidos donde el Ser constata su fracaso ante los límites del lenguaje. Fulgor de la derrota es el tercer poemario del autor, quien consta en varias antologías nacionales e internacionales de literatura. La publicación es una coedición de Editorial Mar Abierto de la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí y Eskeletra Editorial.


Sobre el autor:

Ángel Emilio Hidalgo nació en Guayaquil, el 2 de agosto de 1973. Es poeta, historiador profesional y catedrático universitario. Magíster (c) en Historia y Especialista en Historia por la Universidad Andina Simón Bolívar; Diploma Superior en Investigación para las Ciencias Sociales y Diploma Superior en Paradigmas para la Docencia Superior por la Universidad Casa Grande; Licenciado en Ciencias Sociales y Políticas por la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil. Es autor de los poemarios: Beberás de estas aguas (Guayaquil, 1997), El trazado del tiempo (Quito, 2003) y de la muestra colectiva Porque nuestro es el exilio (Quito, 2006). También es autor de Guayaquil. Los Diez. Los Veinte, sobre cuatro fotógrafos porteños de inicios del siglo XX. Coautor de varios libros de ensayo histórico como: Guayaquil al vaivén de la ría, Los Años Viejos, El tiempo de Alfaro, entre otros. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Ismael Pérez Pazmiño, en 1996, y Mención de Honor en el Concurso Nacional de Poesía M.I. Municipalidad de Guayaquil, en 2002. Actualmente se desempeña como profesor del Instituto Superior Tecnológico de Artes del Ecuador (ITAE) y es responsable de proyectos de investigación relacionados con la Historia y el Patrimonio Cultural.


Comentarios sobre su obra:

“Poesía de la exactitud y de lo extático, en ella conviven la inmovilidad y el éxtasis, el transcurrir del viaje”. Miguel Donoso Pareja

“El poema en Hidalgo pareciera mantener vivo el espacio recorrido para llegar al mismo hasta cerrarse elípticamente en una nueva indagación, esta vez no sólo del mismo poema sino también de la realidad: una realidad tiznada de melancolía por lo que Bachelard denominó “primer universo”. No rehúye a la utilización de vocativos y otras formas clásicas, que inserta en su concepción de poema como una fragmentariedad […] Esa fragmentariedad, con algunos instantes a lo Dickinson, con otros a lo Pizarnik, se vuelve una representación de la imposibilidad de la certeza y de expresar la misma […] Desde la tensión de lo efímero de la temporalidad, como desde la angustia de quien se sabe despojado de todas las certidumbres, el poeta nos demuestra que la única materia prima de su oficio la constituyen las esencias”. Maurizio Medo

“Fulgor de la derrota condensa lo mejor del arte lírico: lo cortante de sus líneas llama a reconsiderar la importancia de la sobriedad del decir poético en una época en que los conceptos, de tanto repetirlos en situaciones anodinas, se han vaciado de sentido. La labor notable que el poeta Ángel Emilio Hidalgo despliega en estos versos logra proponer un modo particular de pensar, plagado de imágenes que promueven comprensiones inéditas acerca de las experiencias que nos sorprenden todos los días. El poeta extrae poesía con su mirada dirigida al universo; las palabras son el instrumento para ir más allá de la rutina de la vida”. Fernando Balseca

11.11.10

EL POETA CAMPESINO QUE SEMBRÓ EN ESPAÑA Y COSECHÓ EN MACHU PICCHU




«Es que la mayor parte de los poetas peruanos son un poco curas: aspiran a canonjías y privilegios en un país donde el ogro filantrópico es apenas un ruiseñor. Por eso son incapaces de moverse de Lima, donde se fotografían en grupos envejecidos antes de tiempo. Pasa sobre todo con mi generación, que es la del setenta, una generación esponjosa y acomodaticia, políticamente vencida…»

Vladimir Herrera

En el número 341 de la revista ecuatoriana Diners, correspondiente al mes de octubre del año en curso, se ha publicado una interesante nota en 3 páginas sobre este gran poeta peruano, realizado por el poeta y periodista Fabián Darío Mosquera. Para leer dicha nota, sólo pulse en las imágenes.

WITOLD GOMBROWICZ, INGEBORG BACHMANN Y GÜNTER GRASS


Por Juan Carlos Gómez

Todos los hombres, según sea el lugar donde nazcan, empiezan a tener desde jóvenes algún sentimiento negativo hacia alguna nación, pueblo o religión. La geografía y la historia pusieron a los polacos en el trance de temer y de odiar a los alemanes y a los rusos.

Recién llegado a la Argentina Gombrowicz se niega a alistarse en el ejército polaco cuando un emisario viene de Londres para convocar a los compatriotas a pelear contra los nazis: —Un papel ingrato el incitar a la gente al heroísmo, cuando uno mismo está al resguardo del peligro.

Pero veintitrés años más tarde se decide a correr el riesgo, aunque más pequeño que el de la guerra, y se va a Berlín invitado por el senado alemán y por la Fundación Ford para gozar de una beca de un año de duración.

El cambio brusco de la Argentina por Alemania es amortiguado por la poetisa austríaca Ingeborg Bachmann, también con una beca de la Fundación Ford, de la que se hace muy amigo.

Gombrowicz venía de un país como la Argentina con una inmigración procedente de todo el globo terráqueo: españoles, italianos, polacos, alemanes, japoneses, húngaros…

“[…] ¿acaso la Argentina no me estaba predestinada cuando de niño, en Polonia, hacía cuanto podía para no llevar el paso en un desfile militar?”.

Ingeborg lo sentía como a un hombre solitario, abandonado por Polonia, por la Argentina y por su médico, con poca voluntad de hablar o discutir con los berlineses y, especialmente, como un hombre enfermo.

Ella vio detrás de su altivez, la bondad y la delicadeza que enmascaraba, sin embargo, igual que a nosotros, también la torturaba: —Usted complica todo… espero que no llore, sólo la quería torturar un poco, está bien así, y basta.

“En ese momento hubiera tenido que llorar, pero también reír. Tal vez era uno de sus aspectos más reales, le gustaba torturar y, al mismo tiempo, no podía torturar […] Era un grandísimo escritor, muchos no se dieron cuenta de esto pero, no se les puede reprochar nada, ya que Gombrowicz era muy extraño, orgulloso, y con unas poses que a veces resultaban terroríficas”.

Durante su estada en Berlín Gombrowicz intentó defenderse de los automatismos que le venían desde la historia respecto a Alemania, motivo por el cual que se declaró un ser ahistórico.

Las primeras impresiones que le dieron los berlineses tenían que ver con el idilio, la cortesía, la corrección, la moralidad, la bondad, la tranquilidad, la cordialidad y la belleza, por lo menos así nos lo dice en sus cartas.

“Que cosa extraordinaria los alemanes, difícil decirlo, me da una especie de risa crónica. En esta ciudad que ha sido un infierno no se ve otra cosa sino salud, sonrisa, tranquilidad, inocencia, perritos, amabilidad, cordialidad, bondad, aquí donde todo estaba arruinado el nivel de vida es increíblemente elevado, si los mozos de café no tienen coche como en Francia es porque el espacio es reducido. Todos tienen plata y bastante, ni se sabe lo que es el proletariado, todos andan vestidos como usted o mejor aún. Estuve en la ciudad estudiantil, mas coches que estudiantes, ahora bien, todos los alemanes padecen de una estupidez extraordinaria, de veras que son estupidísimos […]”.

“demás no comen pan, el café es horrendo, no hay casi sandwiches y cuando sirven ponen delante de la persona el plato con tostadas (hay), y el café con leche (crema) más allá. Cada alemán sabe lo que tiene que hacer y lo hace así toda la vida sin el más mínimo cambio. Ya sabe cómo son los mozos en Buenos Aires: envidiosos, amargados, peronistas, bien, aquí son todos atentos, sonrientes, amabilísimos, corriendo, con vocación verdadera de mozo, con profundo y sincero respeto. Cuando uno se da cuenta de que casi todos eran asesinos torturadores (tienen arriba de cuarenta años) … esto es realmente genial, no hay caso. Bolches no hay. Aman tiernamente a los yanquis. Son cien por ciento europeos, antinacionalistas, pacifistas. Son geniales no cabe ninguna duda”.

Poco a poco, a pesar de que quería colocarse en la posición de un visitante ahistórico, el pasado lo empieza a morder ya que, al fin y al cabo, el hoy es el resultado del ayer y el ayer había sido monstruoso. Escuchaba cosas terribles: —Sabe usted, aquí cerca hay un hospital en el que están encerrados para siempre hombres mutilados, demasiado horrorosos para mostrarlos siquiera a sus allegados. A los familiares se les dijo que habían muerto.

“Los mejores escritores Günter Grass, Peter Weiss, Uve Johnson, están aquí, no es gran cosa, que digamos, Arnesto es mejor, no es literatura espiritual sino social, estética etc. Me respetan. En realidad Berlín es muy provinciano, casi como Santiago, o mejor dicho, increíble mezcle de lo provinciano con lo ultra cósmico […]”.

“Anteayer inicié en el café Zuntz las reuniones artísticas pues quiero dotar a esta ciudad de un café artístico […] Lamentablemente, por ahora, no puedo insultar a nadie, lo que otorga no sé qué de irreal al ambiente”.

Desde Europa nos escribía que sus conocimientos sobre Sartre y sobre Heidegger le alcanzaban y le sobraban para poner en aprietos a los más agudos intelectos de Francia y Alemania, que Günter Grass no era gran cosa, que John Steinbeck era aburrido, que Gabriel Marcel era un viejo boludo, que los escritores de Francia se parecían a los perros de Pavlov y que sus cocineros deberían ocuparse de la literatura pues tendría mejor gusto, y, en fin, que él era un gran escritor al que los demás no le llegaban ni a la suela de los zapatos.

Los alemanes lo trataban con una hospitalidad y una amistad enormes, pero importaba mucho para que fuera así su condición de polaco, era un hecho que pesaba en sus conciencias, se sentían culpables.

Pero sus sonrisas no podían borrar la enorme agonía polaca; no podían seducirlo a Gombrowicz, porque él no los podía perdonar. Hitler estaba presente en todos los polacos asesinados y seguía presente en cada uno de los polacos sobrevivientes. Pero la condena y el desprecio no eran los métodos que había que utilizar. Despotricar continuamente contra el crimen solo contribuye a perpetuarlo, había que digerirlo, porque el mal sólo se puede vencer en uno mismo.

Berlín Oeste era un caos que se ordenaba al azar, pero en Berlín Este imperaba la idea, inflexible, silenciosa y rigurosa.

Resulta extraño que el espíritu reine con más facilidad en las tinieblas que en algo más humano. Gombrowicz habla con un berlinés sobre este asunto.

“Vea usted, si uno mira por la ventana, tiene aspecto de siniestro. Pero, sabe usted, en Berlín del Este la gente es mucho más simpática… Son amables, amistosos… Desinteresados. No hay ni comparación con el berlinés occidental, tan materialista…; —¿O sea que usted es partidario de aquel sistema?; —No, todo lo contrario. La gente es mejor porque vive en la miseria y en la represión… Siempre es así. Cuanto peor es el sistema, tanto mejor es el hombre…”.

Gombrowicz acostumbraba a dar consejos sobre los buenos modales y la elegancia. Si bien la vida modesta que llevó en la Argentina lo tenía maniatado respecto a la vestimenta, nos daba lecciones sobre cómo había que vestir. El principio general era que no había que ponerse ropa demasiado nueva ni muy ajustada.

Como a Grass le reprochaban que acudía a las recepciones con ropa deportiva, encargó un esmoquin violeta nuevo y muy ajustado para lucir en los desayunos y en los tés; la impresión que causaba era horrible.

Gombrowicz sabía que la filosofía no le gustaba demasiado a Grass, entonces, en unos de esos tés en los que había empezado a lucir el esmoquin violeta, llevó la discusión hacia el terreno filosófico. Grass se inclinó hacia Gombrowicz de una manera amable: —Disculpe, Gombrowicz, pero es que mi a hermana aquí presente le da un ataque de tos nerviosa cuando se enumeran ante ella a más de seis filósofos a la vez.

“[…] ‘Peter Pan’ fue reescrito por lo menos dos veces en el siglo XX. La primera en 1937 por el polaco Witold Gombrowicz, en su novela “Ferdydurke”; y la segunda en 1959, por el escritor alemán Günter Grass, en “El tambor de hojalata”. Son dos versiones de Peter Pan, dos destinos diferentes […]”.

En cada una de estas novelas se perfilan rumbos distintos, itinerarios diferentes para los Peter Pan se siglo XX. La bondad que le adjudica Gombrowicz contrasta con la maldad que le endosa Grass al niño protagonista de su novela. Si en un caso la juventud se presenta como promesa en la otra se la postula como problema.

En la novela de Gombrowicz el protagonista es un adulto que por un extraño hechizo, una mañana se sorprende haciendo el papel del pavo, degradado a la condición de adolescente.

Pero a la confusión original le sucederá un estado de plenitud. Al fin y al cabo no se la pasa tan mal siendo un niño. Además se tiene el privilegio de la verdad sin que haya que rendirle cuentas a nadie por ello.

La vida es un divertimento donde la transgresión a las reglas del mundo de los adultos, carga con el consuelo de que se trata de una etapa que, tarde o temprano, va a pasar.

En cambio, Oskar, el protagonista de “El tambor de hojalata”, es un niño que vive con vergüenza el mundo de los adultos. Alguien que se atrevió a pispiar el mundo mediocre de los padres y decidió no crecer más. Se convirtió en un enanito monstruoso de tres años de edad que se la pasa taladrando el tímpano de los mayores con el repiqueteo de su tambor y los gritos distorsionados que pegaba.

La juventud es ambivalente. La inocencia puede asumir formas distintas y sacar a la superficie experiencias muy diferentes entre sí. En los dos casos la juventud es algo más que una estética, es una manera de habitar la sociedad.

Para Gombrowicz la juventud se vuelve una idea positiva, está relacionada con el santo decir sí del niño y con una juventud que es la oportunidad de poner a la voluntad en el centro de la escena, una voluntad que apunta a la creación y que lucha para conquistar su mundo. Para Günter Grass, por el contrario, la juventud está vinculada a experiencias negativas, autodestructivas, que socavan las bases de cualquier sociabilidad, que no tardará en volverse contra su mundo.

No es tan fácil establecer un paralelo entre Gombrowicz y Günter Grass, algo que tienen en común es que ambos pertenecían a la generación de las alforjas vacías cuando los valores tradicionales del pasado dejaron de ser un refugio para los hombres.

“Me ha afectado el telegrama de Christian Bourgois a propósito del Premio Nobel que, desgraciadamente, se me ha escapado con sus setenta mil dólares. El año que viene se lo darán a un negro, después a un mulato, después a Günter Grass y después a mí, y entonces me compraré un Mercedes deportivo de dos puertas”.

7.11.10

TODO LO QUE DIJIMOS SOBRE “TRILCE”: VANGUARDIA, ABSURDO Y DESPUÉS


Por Emiliano “Mome” Marilungo

Vallejo atrapa a la poesía —o, lo que es lo mismo, a las mismísimas palabras, al lenguaje—, la sujeta de la solapa y le retuerce el cuello hasta vencerla, hasta lograr (al menos por momentos) avasallarla, desmontarla, transformarla en añicos. Vallejo apunta la llama de la antorcha hacia la médula del acontecimiento, hacia el hueso del ser, y allí apoya y mira cómo el fuego comienza a subir. Es el fuego, el único fuego cierto, un espasmo de luz ontológica que derriba con fulminante exaltación a los centinelas del sentido que le salen a cada paso.

Una genuina inversión del azar, el testimonio de la absoluta inoperancia de los testimonios, de cualquier testimonio sintactizado. El sopapo de la falta de sentido encajado en el rostro del lenguaje sacralizado a golpes de diccionario y autoritarismo. Vallejo disuelve la supuesta esencia del lenguaje para que tras la evaporación, en medio de la bruma grisácea y aromada de sospechas, pueda verse —aunque sea por instantes más breves que cualquier noción de instante— el verdadero ser de la palabra, vehículo capitalmente emocional, afectivo.

Vallejo retrocede. Da un paso atrás, y otro, y otro. Retrocede de la cultura al sentido, del sentido al lenguaje y de allí a la palabra, y al silencio, y al vacío. Vallejo retrocede para demostrar que únicamente en ciertos retrocesos se precursa el avance. Hay en esto más “destrucción de la cultura” que en mil tratados psico-sociológicos.

La vanguardia es el olvido, el abandono irremediable de lo siempre-por-abandonarse, el pisoteo constante sobre la huella irreconocible. Pero la cultura tiene un estigma para cada corte, una réplica. La vanguardia tiene al paso del tiempo, al simple transcurso de la duración, como Némesis. La vanguardia debe impugnarse, comerse a sí misma, para ser. Hoy es simple decirlo, a cualquiera le resulta evidente; piletones de tinta se han secado con las derivas críticas de la ambigüedad vanguardista, con la cháchara de tanto frustrado que la va de censor de la consistencia artística. Pero en aquel tiempo, cuando la vanguardia era todavía menos una teoría que una actitud en germen, era otro el cantar y otros, claro, los intérpretes.

Vallejo es la vanguardia de la vanguardia, el paso previo a cualquier paso, el retroceso anterior a cualquier retroceso. Y su testamento más cabal es Trilce, hechicera pócima que reniega de cualquier fórmula preestablecida, incluso de cualquier fórmula preestablecida de trasgresión. Trilce está hecha del genio de Vallejo, pese los pataleos de la crítica literaria institucional y pese a la envidia de los colegas; es un objeto inasible, un anti-objeto que cumple —tal vez como ningún otro, exceptuando las cabriolas de Joyce, el cuchillo de Artaud o el posterior cut-up de Burroughs— con las condiciones añoradas de la teoría de la recepción vanguardista, a saber, participación prioritaria del lector, sentido abierto de la obra, fragmentación, incompletad, latencia de una pluralidad de significaciones no-excluyentes.

Curioso desacuerdo: presencia y ausencia del autor. Curioso y fructífero. Vallejo descubre la quintaesencia de la vanguardia en el (in)exacto cruce de la subjetividad productora del desarreglo sensorial y la libertad esencial del sentido gramatical. Presencia y ausencia del autor: genialidad medular, inconmensurable, del Vallejo-hombre y emancipación gloriosa del lenguaje y la imaginación. Trilce en sí no es otra cosa que el bailoteo gracioso, consternado y anárquico al que está conminado el lector entre la ausencia y la presencia del autor.

“Escapo de una finta, peluza a peluza.
Un proyectil que no sé dónde irá a caer.
Incertidumbre. Tramonto. Cervical coyuntura.
Chasquido de moscón que muere a mitad de su vuelo y cae a tierra.
¿Qué dice ahora Newton?”
(del poema XII).

El poemario es de 1922, una fecha que por sí misma lo ubica en una corriente frenética de renovaciones y rupturas. Lo interesante es que aún en ese tiempo tan convulsivo, Trilce parece llegar un paso-más-allá. Después de mucho sacarle el polvo a los monumentos literarios de la época se puede ver a Trilce —tan apocado al principio, tan ladeado hasta por razones geográfico-culturales— en su huidizo esplendor como el alegato más incontestable del alma vanguardista.

“Cual mi explicación.
Esto me lacera de tempranía.
Esa manera de caminar por los trapecios.
Esos corajosos brutos como postizos.
Esa goma que pega el azogue al adentro.
Esas posaderas sentadas para arriba.
Ese no puede ser, sido.
Absurdo.
Demencia”
(del poema XIV).

Ese no puede ser, sido; desafío a cualquiera a encontrar una frase que condense de forma más efectiva y brillante la esencia de la poesía. Vallejo es el antes del después, pero también el antes del antes. O al menos lo intenta, y eso lo justifica más que cualquier obra, que cualquier poema en particular. Gran parte de la crítica (con Yurkievich a la cabeza) ha desesperado por establecer de modo definitivo la relación entre Vallejo y la vanguardia; no es difícil comprender las razones de esa desesperación, Vallejo escribe Trilce en una sincronía asombrosa con las revulsiones que se están generando en Europa, en el centro del mundo cultural y eso, al parecer, no puede dejarse pasar por alto. Pero más allá de las filiaciones que se le endosan —el ultraísmo principalmente— Vallejo logra rendir a cualquier enemigo, es decir a cualquier crítico-detective con la lupa siempre en el bolsillo, hurgando en las raíces de lo nuevo.

En Trilce hay ultraísmo, efectivamente; también futurismo, surrealismo, simbolismo mallarmeano… siquiera falta ese romanticismo ya sacudido que tanto resuena en Yeats o en Eliott. El caso es que en Trilce hay todo eso y más, un más con status de excedencia inasible. Los estudiosos hablarán enseguida de “asimilación”, de “influencia”, de “amalgamas”. Vaya uno a saber. Para mí que es simplicidad y genio.

“Absurdo / Demencia” escribe Vallejo. Si en algo coinciden todos los ismos que hoy etiquetamos como “Vanguardia” es en el rechazo al racionalismo, especialmente a la noción de explicación que enarbola e impone el racionalismo. En ese sentido, la vanguardia es un grito primal, una reacción última y vigorosa del ser humano para desligarse de las reducciones informativas y causales. Vallejo es un ejemplo extremo de esa actitud y, se sabe, cuando un ejemplo se vuelve extremo deja de ser ejemplo; el ejemplo se caracteriza por la medianidad, está atado al promedio. El absurdo de Trilce hace frente a cualquier tentativa de sumisión a las reglas, incluso a las vanguardistas, a las que nada casualmente el propio Vallejos describió unos años más tarde como meras nuevas fórmulas, haciendo especial referencia al surrealismo.

El absurdo, al menos como polo, rompe con cualquier fórmula. Se dirá sin mentir que hasta el absurdo tiene una fórmula, al menos una lógica interna y secreta que rige la ordenación. Pero esa intangibilidad, ese halo de misterio ¿no lo eximen de ser reducido a fórmula? Por ahora, me atengo a los hechos: sin lugar a dudas Vallejo ha influido sobre la poesía de varias generaciones, todos los grandes poetas (latinoamericanos especialmente) posteriores tienen algo de Vallejo en su escritura, pero ninguno, ninguno de ellos, escribe como Vallejo.

En este punto, conjeturo, Vallejo lleva un poco más allá las pretensiones de las vanguardias: la ausencia de escuela del escritor dice más de lo que anuncia.

“Haga la cuenta de mi vida
o haga la cuenta de no haber aún nacido
no alcanzaré a librarme.

No será lo que aún no haya venido, sino
lo que ha llegado y ya se ha ido,
sino lo que ha llegado y ya se ha ido”.


La vanguardia está decididamente orientada hacia el futuro. Su propia esencia es el futuro, pero esencia no nace sino de un determinado ademán hacia el pasado. La vanguardia toma al pasado en un nivel institucional (la tradición) como su peor enemigo, y aquí Vallejo vuelve a discrepar: el pasado también es el pasado de los individuos, el constante “irse” que oficia siempre de fondo en la vida de las personas. Fondo vacío, escenografía compuesta de imágenes borrosas en su huida e implacablemente nítidas a la vez en sus huellas. Cualquier “hacer cuentas” con la vida incluye los destellos privados, las delicias y catástrofes locales. El futuro de este modo no es un borrón y cuenta nueva, una tabula rasa, sino un manto nuevo desplegado sobre las ruinas ardientes de un pasado del que nadie se libra.

“Como si nos hubiesen dejado salir! Como
si no estuviésemos embrazados siempre
a los dos flancos diarios de la fatalidad!”


La asfixia es el primer síntoma de la libertad, su punto de partida. Y de alguna manera es su límite anticipado, la hiper-realista cruz que arrastra el buscador del oro inmaterial. Esa asfixia de lunes, esa asfixia cansada del comienzo, del comienzo que siempre es un (re)comienzo.

“Murmurado en inquietud, cruzo,
el traje largo de sentir, los lunes
de la verdad.
Nadie me busca ni me reconoce,
y hasta yo he olvidado
de quién seré.
Cierta guardarropía, sólo ella, nos sabrá
a todos en las blancas hojas
de las partidas.
Esa guardarropía, ella sola,
al volver de cada facción,
de cada candelabro
ciego de nacimiento.
Tampoco yo descubro a nadie, bajo
este mantillo que iridice los lunes
de la razón;
y no hago más que sonreír a cada púa
de las verjas, en la loca búsqueda
del conocido”.


Razón y Verdad tal vez sean los dos conceptos centrales del camino racionalista. Razón y Verdad son al espíritu lo que los lunes a la semana del hombre moderno. Pero los lunes además son el día que mejor atestigua la soledad, la incomunicación propia de la mentada modernidad. Razón y Verdad sean, acaso, las causas de esa clausura, ese re-pliegue sobre sí mismo que define al hombre racional. La búsqueda de la Verdad nos ha puesto a desconfiar de todo, la vía de la Razón nos ha encerrado en nuestras propias mentes. El encuentro con el otro-conocido se torna una exploración desesperada, imposible.

¡Que será entonces del des-encuentro! Trilce está escrito mientras el poeta rompía con su pareja y eso se nota. El amor hacia las mujeres —tamizado por la imposible sustitución de la madre— es un imposible que luego del fracaso se torna veneno y condena. Acaso la muestra más cruel de todos los “puentes volados” de los que escribe Vallejo en el poema XXVII. En otro poema de Trilce —el LXII— se lee:

“Y sólo cuando hayamos muerto ¡quién sabe!
Oh no. Quién sabe!
entonces nos habremos separado.
Mas si, al cambiar el paso, me tocase a mí
la desconocida bandera, te he de esperar allá;
en la confluencia del soplo y el hueso,
como antaño,
como antaño en la esquina de los novios
ponientes de la tierra.
Y desde allí te seguiré a lo largo
de otros mundos, y siquiera podrán
servirte mis nós musgosos y arrecidos,
para que en ellos poses las rodillas
en las siete caídas de esa cuesta infinita,
y así te duelan menos”.

El amor, el completo misterio que representa el amor, es el único lazo que dura en la vida, el único que se proyecta en la muerte. Pero sea cual sea ese lazo, tampoco alcanzará nunca para mitigar del todo el dolor. El otro siempre es otro y ese es, entre otras cosas, un indicador de que uno mismo siempre es uno mismo. Claro que no sabemos nada ni del otro ni de ese si-mismo que nos habita y corroe por dentro… claro que no hay forma de saber que no esté salpicada por el óxido de la razón. En navajazos del absurdo como ese está compuesto Trilce.

* Tomado de La periódica revisión dominical.

4.11.10

“CORTOMETRAJE” DE YURI VÁSQUEZ POR JUAN W. YUFRA


Todo libro expresa un gesto subversivo en la forma de acercarse a la realidad, de inversión o por lo menos proyecta —contra todo pronóstico— un acontecimiento inasible.

Cuando se reflexiona acerca de la literatura que acontece en Arequipa esta suele surgir con manifestaciones propias, inherente a su espacio; la misma que deviene en una expresión de tránsito: de una época a otra, de una postura estética —prudente— con su espacio tiempo histórico y generalmente enlazándose a la impronta del autor y de sus lectores ocasionales. En otras palabras, surge el paradigma del aislamiento del discurso literario.

Este aislamiento no sólo es cronológico, aquí no sólo se discute el carácter oficial que se le otorga a la narrativa en este caso, sino que responde a la ausencia de una comunidad literaria que haya podido reconocerse así misma en este cuerpo social —llamado cultura— en el que todos estamos inmersos, queramos o no. Por allí se dice que Arequipa es la tierra de los poetas; sin embargo, es su narrativa la que se proyecta con mayor solidez.

Esta ciudad no sólo fue el contexto para acoger a narradores sino que sirvió de discurso —incluso antagónico— para diversos planteamientos y no me refiero a Arturo Peralta que se fue de Arequipa muy joven y que construyó el famoso texto de El pez de oro cuando ya se llamaba Gamaliel Churata; o a Vargas Llosa que pasó su infancia en Cochabamba u Oswaldo Reinoso que a pesar de experimentar el epítome de la insurgencia narrativa en la segunda mitad de los años 50 sólo vuelve a esta comunidad con toda la distancia que ejerce el extrañamiento de sus obras; aquí deseo dejar en claro la gesta de aquéllos que “no existiendo” en la oficialidad desarrollan esa continuidad de la narrativa en Arequipa: Zoila Vega, Marcel Oquiche, Alfonso Bouroncle, Edmundo de los Ríos, Gastón Aguirre Morales, Federico Segundo Agüero, etc.

Es decir, Arequipa, siempre fue narrada. Incluso Hidalgo llegará a deslizar la idea de que “el cuento es una capital obra de arte” cuando publica su libro de cuentos Los sapos y otras personas en 1927. Por eso, no es sorpresa que exista un escritor como Yuri Vásquez que logra cohesionar esta tradición, esta continuidad dentro de los mecanismos de resistencia cultural en que vivimos, y que muchos llamamos posmodernidad o “desmantelamiento de ideologías” como diría Ricardo González Vigil.

Ahora, Yuri Vásquez es un escritor que se forma con la influencia que ejerce la contracultura y el revisionismo de los años 60 y 70 y ello no es una ecuación de negar por negar las construcciones convencionales de su periodo de formación, sino la expresión de una postura encomiable como creador pues ha sabido mantener una convicción ideológica y literaria que no se enreda o se opaca; sino que se manifiesta coherentemente, desde la metáfora de su lenguaje, en este libro de cuentos.

La década del 80 en la historia del Perú recién empieza a ser expresada por autores como Yuri Vázquez; no sólo me refiero a la ubicación cronológica o al carácter intrínseco de los años de violencia que se vivieron, sino al desgaste de los conceptos como el amor, la libertad y la retórica del “hombre nuevo”, pues, uno de los grandes aciertos de Yuri es haber contemplado la trascendencia de su época más allá de un gesto personal y egoísta.

En el cuento “Un blues en la noche” encontrarán este fragmento cuando el narrador intenta buscar una explicación de ese cuerpo imaginado llamado Lorena: De esta manera supo —por la música— que su alma debía ser sutil y sensible.

La sutileza de su palabra y la aparente fragilidad de sus historias no recurren a un lector extraviado en el consumismo sino recurren a un lector extraviado en su propio caos personal. El cuento “Pitecántropus Erectus o la tribu de los Ichipawa”, que apertura el libro, es una metáfora de aquel hombre que lleva la máscara de la modernidad más allá de su propia piel contemporánea.

Debemos de añadir que la música se convierte en un personaje adicional; el Jazz en este caso será la expresión de la melancolía, de la soledad que rodea a la mayoría de sus cuentos y que a su vez se convierten en una expresión de su poética narrativa.

Ahora, los temas que se abordan como la frustración, la violencia, el miedo, la utopía o la fraternidad no quedan aislados por un discurso gris que cede terreno y sacrifica su esencia a favor de la técnica sino que alcanzan altos niveles líricos en la mayoría de los casos, el mismo que es un eje distensionador en esta summa de “cortometrajes” que proyecta el texto.

Juan W. Yufra

28.10.10

ENTREVISTA A PEDRO ESCRIBANO POR FERNANDO CHUQUIPIUNTA MACHACA


Contemporáneo de Rocío Silva Santisteban, Odi González, José Antonio Mazzotti, Eduardo Chirinos, Mariella Dreyfus, Jorge Eslava y Domingo de Ramos —entre otros—, Pedro Escribano, recientemente, ha hecho noticia con el lanzamiento de Rostros de Memoria: visiones y versiones sobre escritores peruanos (Fondo Editorial Universidad de Ciencias y Humanidades, 2009) y la revelación de su entrañable amistad con el Premio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa. Ambos acontecimientos —independientes entre sí— conllevan un profundo significado para las letras peruanas. Aquí van las confidencias del celebrado poeta Pedro Escribano:


¿En qué medida las vivencias de tu infancia han influido en tu obra?

Bueno, eso de obra es sin duda una exageración. Apenas he escrito dos libros y uno que otros poemas sueltos por allí. Creo que uno no escapa nunca de sus años de infancia. Esa etapa, ese mundo, permanece como un ancla en lo que dura nuestra vida. Y quienes escribimos seguro allí hallamos nuestras primeras visiones del mundo, nuestras primeras maneras de relacionarnos con él. En lo poco que he escrito, encuentro un poco eso, como querencia y como origen. En mi poemario Manuscrito del viento hallo paisajes, personajes, escenas campesinas, el hogar.

¿Fue en Lima donde trabaste amistad con Mario Vargas Llosa?

Sí, pero quizá mi primer encuentro con Vargas Llosa fue cuando yo tenía 13 años y estaba en medio de un algodonal. Me detuve en seco cuando escuché el megáfono del cine mensual que llegaba a Acarí. Mis hermanos y yo esperábamos que anuncien una de Django o de Ringo, de “dólares agujereados”. Pero no, dijeron “Los cacharros, del escritor de fama internacional Mario Vargas Llosa”. El nombre no nos dijo nada, mandamos al diablo al anuncio del cine y seguimos recogiendo algodón. Pero yo me quedé con la duda, llegada la noche me fui al cine, y me di con la sorpresa de que era para adultos. Eso me animó más a saber quién era Mario Vargas Llosa. Me fui a la parte trasera del cine, por donde solíamos ir cuando no teníamos dinero para la entrada. Cuando me encaramé al techo, encontré a otros niños y casi no hallé un lugar. Desde allí, levantando el techo de totora, vi la película de ese tal Vargas Llosa.

Años después ingresé a San Marcos a estudiar literatura. Escribí un poema “La ciudad y las hormigas”, que está en Manuscrito… como una inútil réplica a La ciudad y los perros, novela de Vargas Llosa. Pero lo que me llevó a la persona del Nobel fue una crónica que publiqué en La República y trataba de una cena de 1957, en honor del historiador Raúl Porras Barrenechea, ofrecida por Vargas Llosa, Luis Loayza, Abelardo Oquendo, la Tía Julia, en un restaurante de fachada del Cinco y medio, famosa casa de cita de Lima. Vargas Llosa indagaba quién había escrito esa crónica.

¿Qué fue lo primero que te dijo?

Quién me había contado ese pasaje de la cena. Le respondí. Ese año no lo pude entrevistar porque no concedía entrevista a nadie. Pero eso sí, generoso, me firmó mi libro Los cuadernos de don Rigoberto y me prometió la entrevista en su próxima visita. Así fue, lo entrevisté por primera vez por La fiesta del Chivo, el 2000.

De haber integrado el Jurado del Premio Nobel de Literatura 2010, ¿por quién habrías dado tu voto: por Mario Vargas Llosa o por Tomás Tranströmer?

Muy hipotética la pregunta, pero mi respuesta es concreta: Vargas Llosa. No niego el valor de la poesía de Tranströmer, pero el Nobel era una vieja deuda a Vargas Llosa.

Aparte de Rostros de Memoria: visiones y versiones sobre escritores peruanos, ¿qué otro libro escribiste durante tu estadía en Lima y tu amistad entrañable con Mario Vargas Llosa?

El primer libro que escribí, pero no publiqué fue Rostro de paisaje enloquecido, un poemario que compartió el segundo puesto de los Juegos Florales con Cesáreo Chacho Martínez. He publicado solo un poemario, Manuscrito del viento, que ganó el premio Poeta Joven de San Marcos y que tuvo la suerte de que Juan Mejía Baca, el recordado librero que nos ha dado la nueva sede de la Biblioteca Nacional, lo publicara.

¿Manuscrito del viento es tu mejor obra?

Más que obra, es una plaqueta de 15 poemas que ha tenido más suerte que yo. Como te dije, ganó un premio, fue editado por Mejía Baca y lleva a la fecha cuatro ediciones. Sobre su calidad no seré yo quien lo diga.

¿Verdad que de no ser poeta te hubiese gustado ser profesor?

No, creo que no soy ni lo uno ni lo otro. En todo caso, no tengo esa seguridad. Yo escribí poemas y enseñé literatura casi 15 años. Me gustó ser profesor porque enseñaba el curso como yo quería. Quizá si el colegio en que enseñé no hubiera sido alternativo, hoy no diría que me gustó ser profesor. Yo solo buscaba que mis alumnos leyeran, gozarán la lectura y no como suelen hacer los profesores de literatura, plantear 50 preguntas por escrito por una obra o ordenar que lean un libro como castigo, y en la biblioteca del colegio. En mi libro Rostros de memoria agradezco a mis alumnos del Atusparia esa experiencia, y vaya que de allí salieron algunos poetas.

Se dice que eres un gran cronista de la sección cultural del diario La República

No, quien dice eso debe ser mi amigo, porque los amigos siempre hablan bien de uno, pero si no es un amigo, es un mal hablado. Yo solo hago mi trabajo lo mejor que puedo. Antes, cuando era redactor del Suplemento Domingo, escribía crónicas, ahora no, el diarismo es un caballo desbocado. La coyuntura es un vértigo y no te da tiempo para nada.

¿Y qué nos puedes decir de Rostros de Memoria: visiones y versiones sobre escritores peruanos y Manuscrito del viento?

Rostros de memoria es un libro de anécdotas, no de biografías. Narra los sucesos anecdóticos de cerca 40 autores peruanos. Va desde Ricardo Palma hasta el poeta del 60 Lucho Hernández. Los autores que tienen más de tres anécdotas están ilustrados con una caricatura de ese gran dibujante que es César Aguilar “Chillico”. Me alegra que el libro se conozca allá, en Puno. Como tú me has contado, José Luis Ayala dejó un ejemplar, el que la editorial le envió para su respectivo comentario, y que ahora circula entre los amigos de Puno. Ahora me explico los saludos, como el tuyo, que me llegaron desde el altiplano por Rostros de memoria… No sé si Ayala llegó a escribir sobre mi libro en La Primera, pero igual, le agradezco ese gran favor de difundirlo entre los amigos de Puno.

¿Puedes citar poetas, puneños, nacionales y/o extranjeros, que han influido en tu gestión operadora?

Que hayan influido en mí, no creo, a excepción de Carlos Oquendo de Amat que cuando lo leí me cautivo su vuelo imaginativo Gamaliel Churata, también Alejandro Peralta. Otro poeta Efraín Miranda,

¿Cuál de los dos factores predomina en tu actividad poética: la inspiración o el oficio?

Creo que el abrazo de los dos factores, pero entendiendo oficio como trabajo. Ya nadie escribe esperando que las musas le dicten. En todo caso, la gran musa es la realidad, ella es la que manda. Como decía Flaubert, la escritura es sobre todo transpiración y un uno por ciento de inspiración.

Bien, a esta altura se impone una definición: ¿cuál debe ser el rol del escritor peruano en un país dependiente y subdesarrollado, como el nuestro?

Las mismas de cualquier ciudadano. Participar en la vida cívica del país. Quizás porque pertenece a las clase intelectual, con mayor razón. La sociedad se beneficiaría con su inteligencia debe estar al servicio de las buenas causas. Eso no quiere decir que su obra sea un predicamento explícito sobre estas causas. Ahora que si sus obras tienen, no sin arte, sus posiciones firmes y bien escritas, a buena hora. España, aparta de mí este cáliz es un buen ejemplo.

¿Algún consejo para los nuevos poetas?

Yo siempre digo, leer, leer, leer. Escribir también, pero no apurarse en publicar. Un libro no es un juego de la tinka, es una responsabilidad, como un hijo.


* Dos poemas y un videpoema de Pedro Escribano aquí.
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